Costumer

Al final del día estaba todo tranquilo, una suave brisa llamada raco subía del valle a la cordillera.

Caminaba yo camino a mi casa, empezaba el otoño, por lo que las hojas amarillas de los alamos estaban esparcidas por el suelo. Ayer habíamos estado juntos, pero al ir caminando a su lado, me parecía extraño, al igual que la tonalidad verdosa del cerro Pangal. En reiteradas ocasiones habíamos hablado de lo especial que parecía ser ese árbol que estaba allá arriba, en una ladera de cerro, alto, marcando una posición privilegiada.- Debe ser muy especial estar ahí junto a ese quillay- nos decíamos, aunque nunca fuimos a comprobarlo.

La noche estuvo cálida, romántica y abrazada. Nos despertamos plenos, felices y con hambre.

Ella se dirigía a su trabajo, mientras yo la acompañaba asombrado por la espectacularidad del lugar. Pasaría el día por ahí en el bosque, entre bollenes y litres, y al final de la tarde volvería a buscarla, eso habíamos acordado.

Era su primer día de trabajo y estaba un poco nerviosa y anciosa, por lo que intenté no hacerle muchas preguntas difíciles, o hacerle recordatorios de si había traído los lápices, o si ese pantalón café estaba dentro de los cánones del “solamente negro” , que le habían pedido para que se presentara. Eran cosas que a mi me preocupaban, pero a ella esas cosas no le demostraban importancia y se dejaba fluir, y en general le resultaba.

Llegamos unos 10 minutos antes, aprovechamos de prender la mitad de un caño que nos quedaba, mientras hacíamos que el tiempo simplemente pasara sobre nosotros. Dió una última calada me dió un beso rápido y desconcentrado y la ví desaparecer con su mochila pequeña pero pesada.

Yo en ese momento sentí una especie de alivio. Guardé una última calada en un papel de boleto de micro dentro de mi banano y caminé por la calle hasta el cerro.

He caminado por mucho tiempo por muchos cerros y siempre se tornan pesados al principio, éste en particular, era suave y entretenido, un laberinto de litres y quebradas, socabones y piedras, en donde uno podía estar horas caminando y perdiéndose.

A la vuelta, de regreso a su casa, me contó que cuando niña:- ahí, en esa casa, que tiene el letrero de “se vende”.-ella venía a jugar junto a un amigo que había muerto, y que hoy, cuando entraba a su trabajo, habia conocido a un tipo que seguramente se hubiese visto como su amigo de la infancia. En eso estabamos cuando dejé de escucharla por unos momentos para hundirme irremediablente en una escena fea, pero mágica, al mirar dentro de un almacén oscuro y frío, pude divisar cómo caían como una lluvia suave, cientos de lombrices pequeñas y blanquecinas de una serie de chorizos colgados en tiras por todo el techo del local. Los gusanos habían estado cayendo desde hace un buen rato: en el meson, en el piso y seguramente en la cabeza de la señora esta que ni se inmutaba.

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what a wonderful day

Luego de una lluvia, de una reparación de computadoras infructuosa, de un obsequio promocional de una empresa (de comida al parecer) y de una fotografía de 200 osos polares escudriñando la basura para luego bañarse tranquilamente en algunas rocas lejanas y otras cercanas, en el mar, presencié una masacre la cual resguardé hasta ahora.

Algo cayó en mi brazo derecho, algo negro o muy oscuro, que me quitó de la escena. Luego de eso, mientras el agua corría por todo el baño y por todos lados, cerré la llave de paso, en ese momento, entra un pajarito blanco con manchas negras en su cuerpo, de cabeza triangular y alba. Le ofrecí mi mano, y como yo ya intuía subió encantado, claro que despues de unos segundos ya se empezó a desesperar y quiso salir, y lo solté. Empezó a hacer movimientos rápidos y exagerados, sé que estás imaginando una especie de picaflor, pero no, este era mas lento, mas tosco en su movimiento y mas raro. le dí mi espalda ya que me la pidió y él luego éste se encarnó en mi espalda, siendo unas alas únicas en mi interior. Por lo que recuerdo no me hiso volar, pero al menos quitaba un peso denso en mi cuerpo, algo que dejaba al menos moverme en paz y que por lo demás me dejaba muy contento.

Al otro lado se asomaba desde una tienda , una señora que llamaba a su nieta a la calle, mientras la nieta intentaba salir rapidamente de la misma tienda para hacer que su abuela dejara de llamarla. La alcanzó y la tomó del brazo, pero su abuela no la reconoció en ese instante y con la misma bolsa de genero llena de choclos y papas la golpeó repetidas veces.

Las noches en esa época del año en Chile, son muy agradables, no se si es el contraste con el calor del día o que el viento fresco y el aire limpio hacen que uno quiera salir a caminar eternamente por la ciudad. Mientras caminaba, un par de ratas hacían de las suyas en los basureros, mientras un par de junkies peleaban por algo para fumar. Yo aceleré el paso y deje a las alas jugar

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